lunes, 26 de marzo de 2012

El Portero, p. 13-92

“Desde que llegó – y muy desmejorado que llegó – le dimos ayuda material (más de doscientos dólares) y le ‘viabilizamos’ (otra palabra de allá) rápidamente el Social Security …para que pudiera pagar los impuestos, y casi de inmediato le conseguimos un empleo.” (p.15-16)

Es bien interesante que este libro se narra en la segunda persona (“nosotros”). Como se ve en la primera cita, la “persona” que narra el cuento es la comunidad latina que ya reside en Nueva York (por lo menos eso es como yo lo interpreté). A lo largo del libro, esta voz nos dice la historia de Juan y sus aventuras como el portero en un edificio de apartamentos. Cuando Juan acaba de llegar a los Estados Unidos, su comunidad le ayuda a acostumbrarse a su nueva vida, incluso por el hecho de encontrarle un trabajo (o sea, muchos trabajos, hasta que le encuentran lo que puede hacer bien, que es ser el portero). Obviamente, Juan tenía mucho apoyo cuando llegó, y creo que eso demuestra la intimidad de la comunidad de inmigrantes que vive en este lugar. Se ayudan mucho y tienen en común una parte de sus historias – la experiencia de mudarse a los Estados Unidos e “ir olvidando” de su lengua nativa y su cultura (p. 14). Hay algo que se une a todos, y eso es muy importante para la salud emocional de inmigrantes recién llegados (aunque la vida sigue siendo difícil). Sin embargo, a pesar del apoyo inicial, Juan tiene que ganarse la vida trabajando como un portero. La manera en que se narra la historia – en la segunda persona – hace que Juan parezca separado de todo, como hay todos nosotros “en un lado”, observándolo, y sólo Juan en el otro. Por eso se puede adivinar que Juan, por alguna razón, es una personal especial (y eso lo dice los narradores en la página 15 – “es la historia de alguien que, a diferencia de nosotros, no pudo (o no quiso) adaptarse a este mundo práctico…”).

“De pronto, nuestro portero descubrió, o creyó descubrir, que su labor no se podía limitar a abrir la puerta del edificio, sino que él, el portero, era ‘el señalado,’ ‘el elegido,’ ‘el indicado’ … para mostrarles a todas aquellas personas una puerta más amplia y hasta entonces invisible o inaccesible; puerta que era la de sus propias vidas y, por lo tanto … ‘la de la verdadera felicidad.’” – p. 17-18

Esta cita nos indica por qué Juan es diferente de todos los demás. Es una idea importante porque es la motivación de las acciones de Juan; hay mención en casi cada capítulo que Juan quiere hablarles a los inquilinos sobre esta “puerta” que busca. Me encanta esta metáfora porque creo que es algo a que todos pueden relacionarse en un nivel u otro. Seguimos la rutina de todos los días, haciendo ciertas cosas cada día, sin realmente pensar en lo que hacemos … ¿pero estamos felices? ¿Qué es la “puerta” de nuestra felicidad, la vía en que podemos vivir una vida satisfactoria? Aunque Juan mucho del tiempo hace sólo una cosa – abrir la puerta y charlar con las personas que viven en el edificio – tiene un sueño, una meta más grande, que es estar verdaderamente feliz, cualquier signifique eso. Tiene algo por qué vivir, aún si no entiende bien lo que es. Las historias de su vida y su relación con los demás son intrigantes, y me interesa ver como desarrolla el cuento.

lunes, 19 de marzo de 2012

Las muchachas García, p.156-232

“Papi bajó la vista. Sandi ya había notado antes que su padre era otra persona frente a las americanas. Encorvaba la espalda y se volvía de una cortesía estirada, como la de los sirvientes.” –p.189

“El corazón de Sandi flotaba de la felicidad. Este baile salvaje y hermoso venía de gente como ella, hispanos, que danzaban al son de la dicha extraña e inquietante …” –p.193

En este capítulo, “Espectáculo,” aprendemos sobre los primeros días de la familia García en los Estados Unidos. Unos amigos suyos, los Fanning, les regalan una cena en un buen restaurante. Antes de ir al restaurante, Laura les dice a las niñas todo lo que deben (y no deben) hacer durante la cena, cómo deben pedir agua o leche y no deben pedir nada muy caro. Creo que esto es bien interesante; la madre quiere hacer una buena impresión sobre los americanos, quizás para mostrarles que no son tan “extranjeros” a la cultura americana. O sea, no quiere que aparezcan muy maleducados – quiere preservar su buena reputación. La primera cita refiere al mismo comportamiento, pero por el padre. Cuando leí esta frase, me pareció raro que el padre haría algo así, “encorvando la espalda” y portándose como un sirviente. Usualmente el padre es la voz de autoridad, lo que inculca respeto en los demás. Pero aquí, en la presencia de los americanos, vemos que su rol ha cambiado. Se comporte como una persona inferior, quien necesita darles respeto a los americanos. En algunas maneras esto refleja la ideología colonialista y la idea de la otredad. El padre sabe, claro, que es diferente de los americanos y supone que vive en un nivel social bajo ellos. Por eso cuando los americanos están él se porta como un sirviente.

La segunda cita ilustra aún más esta ideología que viene de la mente de Sandi. Creo que el uso de la palabra “salvaje” para describir el baile de las bailarinas es muy fuerte, pero demuestra bien la ideología colonialista. Los nativos – en todas las colonias a través del mundo – se veían no sólo como “exóticos” y “bellos” pero también como “salvajes,” quien necesitaban la ayuda de los conquistadores para modernizarse y “civilizarse.” Como leímos en el fragmento del poscolonialismo, esta ideología penetraba la conciencia social, así que aún los colonizados pensaban que eran inferiores, y que la cultura de los colonizadores era la mejor. Aquí, Sandi se describe como salvaje, por ser hispana. Se coloca en un grupo diferente a causa de su herencia, y por eso ella representa la otredad.

lunes, 12 de marzo de 2012

De cómo las muchachas García perdieron el acento p. 69-107

‘Sabes?’ dijo. ‘Pensé que tendrías la sangre caliente, por ser hispana y demás, y que bajo toda es mierda católica serías libre de verdad, en lugar de ser una acomplejada, como las niñas de bailecitos de la secundaria.’ – Rudy

“Vi lo fría y solitaria que iba a ser la vida que me aguardaba en este país. Jamás iba a encontrar a nadie que entendiera mi peculiar mezcla de catolicismo y agnosticismo, de la forma de vida hispana y la americana.” – pg. 102

Cuando Yolanda se niega a hacer el amor con Rudy, él replica que pensó que Yo sería diferente, o sea, más abierta a los encuentros sexuales – a causa de su etnicidad, “por ser hispana.” Creo que este intercambio entre los novios ilustra bien un tema con que muchos latinos tienen problemas – el de los estereotipos. En general, a los humanos les gusta caracterizar y categorizar a otras personas, y una manera fácil de hacer eso es estereotiparles. Por estereotipar, marcamos ciertos grupos de personas con características que (pensamos que) las describen. Estereotipos comunes de los latinos son que tienen familias grandes, que son católicos, que son perezosos (piensa, por ejemplo, en la imagen de un mexicano durmiendo bajo de un cactus), y que las mujeres latinas son rebeldes (que tienen “sangre caliente”). Este último estereotipo es lo que daña a Yolanda. Rudy supone que, debido a que ella es hispana, Yolanda finge ser una buena niña católica, y que en realidad es animada y dispuesta a correr los riesgos. Sabemos que, en este caso, él no tiene razón – de hecho, mucho del tiempo los estereotipos son falsos. Puede hacer mucho daño estereotipar a alguien, porque no da una imagen objetiva y justa de la persona.

Además, no se puede categorizar y estereotipar a Yolanda porque ella ahora no es cien por ciento dominicana; a causa de vivir en los Estados Unidos por varios años, se ha cambiado y hecho más americana. No cabe en un grupo bien definido, como hemos discutido mucho en la clase. Podemos ver el efecto psicológico que “vivir en el guión” produce en Yolanda. No cree que pueda encontrar a nadie que entienda como se siente, estando en el medio de dos culturas y dos países, y eso hace que se sienta sola. Es probable que muchos inmigrantes experimenten lo mismo.